Ángel Camacho, la compañía familiar que elabora marcas como Fragata, Mario, La Vieja Fábrica, Susarón y Maçarico, obtuvo la certificación halal en 2020. Desde entonces, la certificación le ha permitido mantener operaciones en mercados donde el sello halal es requisito de acceso obligatorio — como Malasia e Indonesia — y responder a la demanda creciente de importadores en países como Tailandia, Vietnam, Singapur, Taiwán y China, donde las comunidades musulmanas generan una demanda específica de productos certificados.

Cuando una empresa con 130 años de historia decide certificarse halal, no lo hace por seguir una tendencia. Lo hace porque sus mercados se lo exigen. Y eso es exactamente lo que ocurrió con Ángel Camacho.

La compañía, fundada en 1897 en Morón de la Frontera (Sevilla), comenzó con la producción de aceite de oliva. Hoy es un grupo multinacional que elabora y distribuye aceitunas de mesa, aceites de oliva, encurtidos, mermeladas, salsas e infusiones funcionales. Vende sus productos en más de 90 países, con unidades de negocio y oficinas comerciales en Estados Unidos, Reino Unido, Italia y Portugal. Sigue siendo una empresa 100% familiar.

En 2020, Ángel Camacho obtuvo la certificación halal con el Instituto Halal. Lo que vino después ilustra algo que repetimos a menudo pero que cobra otra dimensión cuando lo cuentan las propias empresas: la certificación halal no es un sello que se pone en la etiqueta. Es una herramienta que abre puertas que de otro modo permanecen cerradas.

Por qué una empresa como Ángel Camacho necesita la Certificación Halal

La respuesta corta la da la propia compañía: para mantener la operativa en mercados donde el certificado halal es un requisito esencial.

La respuesta larga requiere entender cómo funcionan los mercados de destino. En Malasia, la certificación halal está controlada por JAKIM (Departamento de Desarrollo Islámico de Malasia). Cada producto que entra al mercado malasio con destino a cadenas de distribución o canal HORECA que sirve a población musulmana necesita un certificado halal emitido por una entidad reconocida por JAKIM. Sin certificado, el producto no entra en los lineales.

En Indonesia, la situación es aún más estricta. La Ley 33/2014 de Garantía de Productos Halal, desarrollada por el Reglamento Gubernamental 42/2024, establece la obligatoriedad de certificación halal para prácticamente todos los productos de consumo. El deadline del 17 de octubre de 2026 amplía esta obligación a cosmética, farmacia, productos químicos y bienes de consumo. Para productos alimentarios, la obligatoriedad ya está vigente para empresas medianas y grandes. La certificación debe estar emitida por una entidad acreditada por BPJPH (la autoridad halal indonesia).

Más allá de los mercados de mayoría musulmana

Lo que hace especialmente interesante el caso de Ángel Camacho es que la certificación halal no solo les ha servido para mercados donde la población es mayoritariamente musulmana. La compañía ha recibido solicitudes de importadores en países donde la comunidad musulmana es minoritaria pero creciente, y donde la gastronomía de estilo árabe está ganando presencia.

Los ejemplos que la propia empresa menciona son reveladores: Tailandia, Vietnam, Singapur, Taiwán y China. Son mercados donde la demanda halal no viene impulsada por la regulación gubernamental (como en Malasia o Indonesia), sino por los compradores privados — cadenas de retail, distribuidores de foodservice, restaurantes de cocina internacional — que necesitan proveedores con certificación halal para atender a un segmento de consumidores que crece cada año.

Para una empresa española que produce aceitunas, aceite de oliva, encurtidos o mermeladas, la idea de que un distribuidor en Vietnam o Taiwán solicite específicamente un certificado halal puede parecer inesperada. Pero es exactamente lo que está pasando. El mercado halal global superó los 2 billones de dólares en 2022 y las proyecciones apuntan a los 6 billones en 2030. Gran parte de ese crecimiento se produce fuera de los mercados tradicionalmente musulmanes, impulsado por la diáspora, el turismo y la percepción de calidad asociada al sello halal.

Lo que más valoran los compradores internacionales

Hay una frase en el testimonio de Ángel Camacho que merece atención: «Se valora mucho que Ángel Camacho sea un proveedor que tiene un plan de calidad que certifica nuestros procesos como Halal.»

Esto no es un dato menor. Los compradores internacionales que trabajan con mercados halal no buscan solo un sello en la etiqueta. Buscan un proveedor que tenga integrado el cumplimiento halal en su sistema de gestión de calidad. Que haya auditado sus ingredientes, sus procesos de producción, sus líneas de envasado y su cadena de suministro. Que tenga trazabilidad documentada.

Ángel Camacho en Cifras

Para dimensionar lo que significa este caso de éxito en el contexto del mercado halal español:

  • La empresa fue fundada en 1897 en Morón de la Frontera (Sevilla). Lleva 130 años de operación ininterrumpida. Sigue siendo 100% de propiedad familiar.
  • Opera marcas reconocidas internacionalmente: Fragata y Mario (aceitunas y encurtidos), Maçarico (productos portugueses), La Vieja Fábrica (mermeladas y salsas), Susarón y Milvus (infusiones funcionales).
  • Vende en más de 90 países. Tiene unidades de negocio y oficinas comerciales en Estados Unidos, Reino Unido, Italia y Portugal.

Obtuvo la certificación halal con Instituto Halal en 2020.

La certificación le ha permitido mantener presencia en Malasia e Indonesia (donde el halal es requisito obligatorio) y responder a la demanda de importadores en Tailandia, Vietnam, Singapur, Taiwán y China.

La calidad, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad son valores declarados de la compañía — y son exactamente los mismos valores que la certificación halal refuerza de cara al comprador internacional.

Qué puede aprender tu empresa de este caso

El caso de Ángel Camacho desmonta tres creencias frecuentes que encuentran las empresas españolas cuando evalúan la certificación halal.

La primera es que la certificación halal es solo para empresas del sector cárnico. Ángel Camacho certifica aceitunas, aceite de oliva, encurtidos, mermeladas y salsas. Productos que, a primera vista, parecen de bajo riesgo desde la perspectiva halal. Pero los compradores de destino lo exigen porque necesitan garantía de que el proceso completo — desde los ingredientes hasta el envasado — cumple con los requisitos halal.

La segunda es que la certificación halal solo sirve para vender en Golfo Pérsico. Ángel Camacho demuestra que la demanda también viene de Sudeste Asiático (Malasia, Indonesia, Singapur, Vietnam, Tailandia), del Este de Asia (Taiwán, China). La certificación abre un abanico mucho más amplio de lo que la percepción inicial sugiere.

La tercera es que la certificación halal es un trámite puntual. Lo que valoran los compradores de Ángel Camacho no es que tenga un sello, sino que tenga un plan de calidad que certifica sus procesos como halal. Es un sistema continuo, no un papel. Y esa continuidad es lo que genera confianza en relaciones comerciales de largo plazo.

El sector agroalimentario español y la oportunidad Halal

España es uno de los mayores exportadores de alimentos de la Unión Europea. El aceite de oliva, las aceitunas de mesa, los productos cárnicos, los lácteos y la confitería son categorías con enorme potencial en mercados halal.

Empresas como Ángel Camacho demuestran que categorías como los encurtidos, los aceites y las conservas vegetales tienen una demanda halal real y creciente. El denominador común es siempre el mismo: los mercados de destino necesitan la garantía de que el producto ha sido certificado por una entidad reconocida internacionalmente.

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